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Meteoritos: Historia y Casos Ejemplares

Meteoritos: Historia y Casos Ejemplares

No es raro que al escuchar la palabra meteorito se nos venga a la
cabeza el acontecimiento ocurrido hace 65 Ma. en Chicxulub, México; un meteorito de 10
km de diámetro que dejó un cráter de más de 180 kilómetros,  el cual se piensa que fue el responsable de la extinción
del cretácico-terciario (Alvarez, 1983). Sin embargo, este no es el único evento asociado a
impactos de material extraterrestre, sino que han sucedido a lo largo de la
historia de nuestro planeta. Hasta se han encontrado escritos que mencionan estos
fenómenos, como es el caso de la Crónica de Paros que afirma que en 1168 a.C. cayó una
masa de hierro en el monte Ida en Greta ó el relato del científico persa Avicena que habla
sobre la caída de una masa de hierro en Djordjan en 1009 d.C. (Anales de la Universidad
de Chile, 1854).
Aparte de las ya mencionadas anécdotas, al día de hoy se han registrado diferentes
evidencias de objetos extraterrestres, incluso meteoritos vistos y recuperados luego de su
caída, como es el caso del meteorito Nogata (Japón, Fig. 1a), que se cree que ha sido el
caso visto más antiguo, alrededor del año 861. Sin embargo, el primer meteorito
documentado, preservado y científicamente estudiado no es hasta 1492; un meteorito de
127 kilogramos (LL6) caído en Ensisheim, Austria Anterior (actual Francia) y nombrado de
la misma manera (Fig. 1b, 2).

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Figura 1: a. Fragmento del meteorito Nogata (L6, 472 g) caído en 861 en Japón. Fotografía: Jean-Michel Daillier. b. Fragmento del meteorito Ensisheim (LL6, 127 kg) caído en 1492 en Francia. Fotografía: Peter Marmet.

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Figura 2: Ilustración de la caída del meteorito Ensisheim en 1492. Extraído de fineartamerica.com

En general, los meteoritos tienden a ser encontrados en condiciones de baja
meteorización* como desiertos y glaciares (Grady et al., 1988; Bischoff and Geiger, 1995;
Muñoz et al., 2007), no porque la caída de meteoritos se concentre en esas zonas, sino
por el hecho de que al ser afectados en menor medida por la meteorización y al no estar
en contacto con agua líquida se preservan de mejor manera. Un claro ejemplo es el
meteorito Mundrabilla (Fig. 3a,b) encontrado al oeste de Australia en 1911 y que se cree
que cayó hace aproximadamente un millón de años y aún mantiene sus propiedades en
buenas condiciones (McCall, 1998).

*meteorización: procesos por los cuales una roca es afectada química y/o físicamente al estar expuesta a la atmósfera, hidrósfera y biósfera, llevando a esta a su desintegración parcial o total.

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Figura 3: a. Fragmento del meteorito Mundrabilla (Iron, IAB) encontrado en 1911 y que se piensa que cayó hace 1 m.a. Fotografía; Aeroliths Collection Theodossiou b. Corte del meteorito Mundrabilla en que se observan patrones Widmanstätten*. Fotografía: Charley Kettel.

*Patrones Widmanstätten: llamado así debido al austriaco Alois von Beckh Widmanstätten, quien descubrió estos patrones en 1808. Corresponden a bandas enrejadas formadas por los minerales kamacita y taenita.

A pesar de la cantidad de meteoritos caídos y encontrados, recién a principios del siglo XIX
fueron reconocidos como material derivado de otros cuerpos planetarios, como la Luna o
Marte. Esto ocurrió por ejemplo con el doctor Gerald Wasserburg, quien postuló a
mediados del siglo XIX, que los cráteres de la Luna fueron producidos por impactos de
cuerpos provenientes del cinturón de asteroides. No fue hasta años después que compararon un
meteorito obtenido en la Antártica (Fig. 4) con una muestra Lunar traída por el Apollo 11
para respaldar está teoría. Otro ejemplo es el caso del mineralogista Austriaco Ignaz Edler
von Born, quien a finales del siglo XVIII poseía una vasta colección de meteoritos, los
cuales catalogaba como escombro inútil.

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Figura 4: Meteorito Allan Hills A81005 (Lunar, 31.4 g) encontrado en la Antártica por el ANSMET (Antartic Search of Meteorites) en 1981. Fotografía: Svend Buhl.

La existencia de meteoritos no ha sido un tema tabú, debido a diversos acontecimientos
como el meteorito, de 12.4 kilogramos, Peekskill (H6) que cayó sobre el maletero de un
auto (Fig. 5). Además hay al menos dos casos reportados de golpes por meteoritos: el
primero un meteorito de 3.9 kilogramos que golpeó a una mujer en el muslo en 1954
luego de atravesar el techo de su casa en Alabama. El segundo caso sucedió en Uganda
durante una lluvia de meteoros en 1992: un fragmento de 3.6 gramos rebotó en un árbol
de plátanos hacia la cabeza de un niño.

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Figura 5: Fotografía del maletero de un auto que fue destrozado por el meteorito Peekskill (H6, 12.4 kg) en 1992 en Nueva York, Estados Unidos. Fotografía: Peter Brown.

Un ejemplo moderno, es el bólido observado el 15 de febrero del 2013 en
Chelyabinsk, Rusia. La explosión en el aire de este meteoro (airburst en inglés) produjo más de 4.000 a 6.000
kilogramos de fragmentos (Fig. 6a), incluyendo uno de 650 kilogramos. No pasó
inadvertido, debido a que la onda expansiva dejó más de 1.000 personas heridas y
variados daños a infraestructura (Fig. 6b, Popova et al., 2013).

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Figura 6: a. Fragmento del meteorito Chelyabinsk (LL5) en el 2013 en Rusia. Fotografía: Woreczko
Jan & Wadi. b. Ventanales rotos en el Teatro de drama de Chelyabisk debido a la onda expansiva
de la explosión aérea. Fotografía: Nikita Plekhanov.

Cabe destacar que el evento en Chelyabinsk es la explosión aérea registrada más grande
desde el evento en Tunguska, Siberia en 1908 (Popova et al., 2013). Este último fue
motivo de varios estudios, debido a que la explosión aérea produjo una gran onda
expansiva que fue registrada por varios observatorios en el mundo, la que produjo que al
menos 80 millones de árboles cayeran (Fig. 7). A pesar de esto, hasta el día de hoy no se
ha encontrado material extraterrestre correspondiente a este asteroide, lo que ha dado
espacio a diversas teorías, tanto científicas como de ciencia ficción (Longo, 2007).

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Figura 7: Árboles caídos en Tunguska, debido a un meteoro que explotó en el aire en 1908
liberando 1000 veces más energía que la bomba atómica en Hiroshima (1945). Fotografía:
Leonid Kulik Expedition.

Actualmente, son diversas las organizaciones (mayoritariamente Estadounidenses,
Japonesas y Europeas) que se dedican a la búsqueda y estudio de meteoritos, como por
ejemplo la organización japonesa JARE (Japanese Antartic Research Expedition) y la
estadounidense ANSMET (Antartic Search for Meteorites). Además existen grupos
dedicados a la búsqueda y venta de meteoritos, ya que, los precios pueden ascender hasta
los miles de dólares (en el año 2004 un meteorito de Marte (Fig. 8) podía costar alrededor
de los 4.000 dólares el gramo).

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Figura 8: Meteorito Marciano (Nakhlite) Lafayette (800 g) encontrado en 1931 en Estados
Unidos. Fotografía: Martin Horejsi.

A finales de 1999 la colección mundial de meteoritos ascendía a 22.507 ejemplares, de los
cuales 1.005 son reconocidos como caídas y el resto como encontrados (no se observó la
caída) (Grady, 2000). Actualmente la base datos de meteoritos es registrada por The
Meteorical Society y cuenta con 51.890 meteoritos nombrados oficialmente y continúan
en aumento (Meteoritical Bulletin, junio 2015).

Referencias

  • Acevedo Rogelio D., Rocca Maximiliano C.L. & García Víctor M. Catalogue of Meteorites from
    South America. Springer, 2014, pp. 65-123.
  • Alvarez, Luis W. “Experimental evidence that an asteroid impact led to the extinction of many
    species 65 million years ago”. Geology, vol. 80 (1983), pp. 627-642.
  • Anales de la Universidad de Chile. Santiago de Chile: vol. 43 (1854), pp. 212-215.
  • Bischoff A.and Geiger T. “Meteorites from the Sahara: Find locations, shock classification, degree
    of weathering and pairing”. Meteoritical Society, vol. 30 (1995), pp. 113-122.
  • Grady Monica M., Hutchison R., McCall G. J. H. and Rothery D. A.. “Meteorites: their flux with time
    and impact effects”. Geological Society, vol. 140 (1988), pp. 1-6.
  • Grady Monica M. “Sources of data on meteorites”. En Catalogue of Meteorites. 5ta Edición.
    Cambridge: Cambridge University Press, 2000.
  • Lipschutz, Michael E. y Schultz, Ludolf. “13: Meteorites”. En: McFadden L., Weissman P., and
    Johnson T. Encyclopedia of the Solar System. Segunda edición. Canada: ELSEVIER, 2007, pp.
    251-282.
  • Longo, Guiseppe. “18: The Tunguska Event”. En Bobrowsky, Peter T.; Rickman, Hans.
    Comet/Asteroid Impacts and Human Society, An Interdisciplinary Approach. Berlin:
    Springer, 2007, pp. 303–330.
  • McCall G. J. H. 1998. “The Mundrabilla Iron Meteorite from the Nullarbor Plain, Western Australia:
    An update London”. En Moore P. Yearbook of Astronomy 1999. London: Macmillan.
    pp. 156–168.
  • Muñoz C., Guerra, N., Martínez-Frías J., Lunar, R., Cerda, J. “The Atacama Desert: A preferential
    arid region for the recovery of meteorites: Find location features and strewnfield
    distribution patterns”. ELSEVIER: Journal of Arid Environments, vol. 71 (2007), pp. 188-200.
  • Popova Olga P. et al. “Chelyabinsk Airburst, Damage Assessment, Meteorite Recovery, and
    Characterization”. Science, 342 (2013).
  • The Meteoritical Society: Meteoritical Bulletin Database [En línea]. 18 junio del 2015. [Consulta:
    27 de junio del 2015]. Disponible en: http://www.lpi.usra.edu/meteor/metbull.php